
Ir en tren sirve para pensar y hablar de temas profundos. Para comentar, para descubrir, para imaginar, para hacer apuestas sobre cuándo se romperán las apuestas, pero sobre todo sirve para hacer amigos.
Descubrimientos incomprensibles que parecen obvios. No lo son. Y reír durante mucho rato, para no pensar en lo demás, en lo que está fuera de ese tren, de ese vagón, de esos cuatro asientos, aunque en realidad sea de eso de lo que hablamos.
Porque definitivamente tenemos que ir al campo a comer.
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