sábado, 29 de octubre de 2011

¿Cómo dar la noticia de la muerte de Simoncelli sin llorar en el intento?



El domingo se marchó un grande. Murió Simoncelli, dejando un gran vacío en el mundo del motociclismo, en sus padres, en su novia, pero también en el corazón de todos y cada uno de los aficionados y seguidores.

Con sólo ver el 58 aparecer al final de una recta o salir a escape de una curva, sabías que la emoción en la carrera era inminente. Su pilotaje era tan agresivo como valiente, adelantando en lugares imposibles, provocando alguna que otra caída a otros pilotos, lo que le granjeó quejas y disputas, pero él siempre reconocía los errores, pidiendo disculpas y con una gran sonrisa iluminando su cara.
Con su gran sentido del humor y sus bromas, con su melena leonina que no cabía bajo casco ni gorra, con su acento italiano al hablar inglés, siempre sacando la pierna al pilotar, como su amigo Valentino Rossi, dando gas a fondo con la victoria siempre como meta.
Porque el motociclismo es apasionante, pero pilotos como Simoncelli hacen que sea aún más vibrante, más emocionante, siempre creyendo que los adelantamientos en la última curva son posibles para conseguir la victoria.
Marco tenía melena de león, sonrisa de ángel y el corazón de un guerrero. Con todo esto, ¿cómo decir que ha muerto sin que los ojos se inunden de lágrimas y nos tiemble la voz? A mí me resulta prácticamente imposible.


Hasta siempre SuperSic!

Sigo esperando despertar de esta maldita pesadilla en la que no hago más que llorar. Esperando que llegue la mañana y que alguien me diga que todo es un mal sueño, un sueño terrible, pero sólo eso, un sueño. Y sin embargo, es tan cierto que me duelen los ojos de tanto llorar.