lunes, 19 de abril de 2010

Luces en la hierba


Ir en tren sirve para pensar y hablar de temas profundos. Para comentar, para descubrir, para imaginar, para hacer apuestas sobre cuándo se romperán las apuestas, pero sobre todo sirve para hacer amigos.
Descubrimientos incomprensibles que parecen obvios. No lo son. Y reír durante mucho rato, para no pensar en lo demás, en lo que está fuera de ese tren, de ese vagón, de esos cuatro asientos, aunque en realidad sea de eso de lo que hablamos.
Porque definitivamente tenemos que ir al campo a comer.



lunes, 12 de abril de 2010


En estos últimos años he vivido cosas maravillosas, pero al cambiar de casa yo pensé que todo se iba a acabar, que todo cambiaría.
Ni siquiera recuerdo cuándo ni dónde nos conocimos, pero en la memoria quedan esos ratos los viernes a las 9 de la noche y los sábados a las 12 de la mañana, que al principio sólo eran esos, pero con el paso del tiempo se fueron alargando hasta que nos pasábamos tanto juntos que hasta no me importaba no cenar.
Nos pasábamos largas horas juntos, charlando, íbamos a tomar una Coca-Cola, a jugar al billar y al futbolín, a cenar a un kebab que debajo tenía un negocio oscuro, charlas de horas y horas sobre temas geniales y otros tan divertidos, y tantas risas, y tantos cantos, y tantos silencios...

Tantas excursiones y juegos, tantas cosas que cuando me fui creí que moriría de pena porque perdería todo eso... Y me costó lo suyo, y me costó adaptarme a algo a lo que ya me creía acostumbrada, echaba tanto de menos esos momentos...

Y tardó un año en producirse el reencuentro, porque a pesar de todas las promesas de visita ninguna se cumplió, y cuando volvimos a vernos, sentí que dentro de mí volvía la alegría. Pero no la alegría que tengo durante el resto del tiempo, sino una alegría que nacía de lo más profundo de mí, que me hizo sentir que a pesar de todo el tiempo que habíamos estado sin vernos, no había cambiado absolutamente nada entre nosotros.

Porque cuando volvemos a estar juntos es como si nunca nos hubiéramos separado, como si ese año hubiera servido para darnos cuenta de lo bien que estábamos antes de irme, que todas esas cosas eran realmente las que me hacía feliz, y porque ese año ha servido para que me dé cuenta de lo unidos que estamos realmente.

Porque sois mis mejores amigos, y no sé si lo sabréis pero es cierto, y espero que si esta amistad ha soportado esto, sobreviva por toda la eternidad. Porque yo realmente os necesito a todos, porque todos juntos somos la fuerza!!! jajajaja, porque lo que nos une es más fuerte que nada, porque aunque no sé muchas cosas de vosotros, eso me da realmente igual porque lo que importa es lo que nos une...Porque me gustaría llegar al final del camino con todos vosotros!

Muchísimas gracias por todo!

jueves, 8 de abril de 2010

You will not be alone


A veces tengo la sensación de que ya no vale la pena seguir caminando, que sería mejor sentarse en la cuneta y ver cómo pasa la gente. La mayoría de las personas seguirían su camino y ni siquiera se darían cuenta de que estás ahí, tirada, sin saber cómo seguir, sin saber hacia dónde va tu camino.
Hay tantas cosas que pueden decepcionarnos, una mirada, un gesto, unas palabras,... y de repente parece que ya nada de lo que hacías hasta ahora tiene sentido, que es mejor dejarse caer sin más. Dejar que pase el tiempo a ver si mejoran las cosas, si cambia algo.
A veces puede parecer que llegue una noche eterna y que nunca más amanecerá, y además una noche sin estrellas. Ni siquiera el lucero del alba, ni tampoco la estrella menos brillante.
Pero sin embargo, un buen día, puede que nos demos cuenta que no es que cambien las cosas, sino que nos damos cuenta de que ha mejorado porque hemos conseguido arrastrarnos a duras penas desde la cuneta hasta la carretera, y tenemos otra perspectiva de la situación. Que sí que merece la pena seguir porque encontrarás a gente que te ayude siempre, y porque nunca estaremos solos.

Porque siempre habrá alguna estrella que aparecerá en el cielo,
porque siempre hay un nuevo amanecer.